70 millones de árboles formarán la Muralla Verde para recorrer el continente de Este a Oeste
El inmenso mar de arena del Sahara se traga cada año 1.500.000 hectáreas de los países del Sahel (los que limitan al norte con El Sahara) pero la primera piedra para detenerlo ya está puesta: entre 2006 y 2007 los particulares senegaleses han plantado 4.000 hectáreas de árboles. Desde agosto de 2008, Senegal emplea a 2.000 personas para construir esta pared de acacias, jarofas, tamarindos y azufaifos.
El programa de la Gran Muralla Verde nació a iniciativa de Olusegun Obasanjo, ex presidente de la República Federal de Nigeria, y el principio de su ejecución se aprobó en 2005, en la cumbre de dirigentes de la Comunidad de Estados del Sahara y del Sahel. El objetivo del proyecto está orientado a promocionar el desarrollo socio-económico de las áreas expuestas a la desertificación y, para ello, se orienta hacia la ejecución de proyectos de conservación de los recursos naturales y la promoción de la agricultura, pesca, ganadería y artesanía.
Actualmente, Abdoulaye Wade, presidente de Senegal, es el principal impulsor de la muralla verde que define como "el mayor proyecto federador del continente africano". Wade asegura que es "un proyecto para toda la humanidad" y trabaja activamente para certificar el respaldo de los países implicados, pero este empuje senegalés se enfrenta a diferentes obstáculos ya que la "muralla" discurre por algunos de los países más pobres de África, como Chad, envuelto en una crisis civil interna, y los del Cuerno de África, amenazados por una hambruna que afecta a millones de personas.
Las naciones participantes en el proyecto forman parte del CEN-SAD (Comunidad de Estados del Sahel-Sahara), los más afectados por el avance de la desertificación. En estos países la población es, principalmente, rural y la conservación de los recursos naturales y los ecosistemas resultan imprescindibles para su desarrollo.
La degradación del suelo constituye el principal factor de pobreza en todo el norte de África. Luchar contra ese proceso es el objetivo principal de la Asociación África-Unión Europea Sobre Cambio Climático, donde la Gran Muralla Verde está catalogada como una acción emblemática, porque congrega esfuerzo de África en los ámbitos continental, nacional y local.
La Asociación apoya, entre otras actividades, el refuerzo de las capacidades, la integración de la gestión sostenible del agua y del suelo en todas las políticas, así como un desarrollo y emponderamiento de las comunidades locales y la gestión de los recursos naturales a nivel local.
En la 25 Conferencia Regional para África, celebrada en Nairobi (Kenya), en junio de 2008, bajo el título Desafíos de la ordenación sostenible de la tierra para la seguridad alimentaria en África, se hace hincapié en que los recursos de tierras son el capital esencial para satisfacer las necesidades de alimentos, combustibles, agua, refugio y dinero para cerca del 59 por ciento de la población africana que vive en zonas rurales.
Una degradación que en el África Subsahariana viene determinada por la inadecuada ordenación de la tierra de cultivo, la deforestación o la sobreexplotación de las especies locales, el pastoreo excesivo, los pastizales la y el uso excesivo de los recursos de aguas subterráneas y superficiales que se remata con un desarrollo industrial y urbano mal planificado y gestionado.
Esta realidad tiene importantes implicaciones para la economía, la salud y el medioambiente de la región. Alrededor de un 65 por ciento de la población de África y un área de 16,1 millones de kilómetros cuadrados están afectados por la degradación de la tierra lo que hace que la producción agrícola esté descendiendo un 3 por ciento anual.
La reducción de los ingresos anuales brutos a causa de la degradación de la tierra se estima en 6.672 millones de euros y alrededor de dos tercios de las tierras cultivables en el África Subsahariana podría perderse para el año 2025.
Con un 30 por ciento del PIB procedente del sector agrícola, la degradación continua de la tierra es unos de los principales factores del subdesarrollo de la región. A medida que la productividad de la tierra disminuye, la producción de tierras agrícolas, de pastoreo y zonas arboladas también se reduce.
El bienestar futuro de la población rural de África exige una acción urgente para invertir esta tendencia, ya que si a esto unimos que la población crece algo más del 2 por ciento al año (con el consiguiente incremento de demanda) los ya escasos recursos serán más vulnerables todavía.
La deforestación en el África Subsahariana avanza a un ritmo de 3,7 millones de hectáreas al año, si se puede reducir la cifra a la mitad y detener el avance del desierto habrá merecido la pena este titánico esfuerzo. Lo cierto es que apoyos internacionales no le faltan e, incluso, ya hay empresas que han hecho su apuesta por la Gran Muralla Verde, como el caso de la alemana Ingeniería Hagens, que ha firmado un acuerdo con el gobierno Federal de Nigeria para invertir 1,6 millones de euros en el proyecto.
Claus Hagen, presidente de la compañía, explica que pondrán en marcha un proyecto agrícola en el desierto y plantará 70 millones de árboles en las zonas áridas del norte de Nigeria, durante los próximos seis años.
Experiencias previas
Factores políticos y económicos aparte, la viabilidad de la Gran Muralla Verde ha despertado opiniones científicas enfrentadas ya que hay quien ve en la escasez de pluviometría y en la inabarcable magnitud del proyecto dificultades insalvables para materializar este sueño, como es el caso del ecólogo Francisco Pugnaire, de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC) en Almería. Por otro lado, el experto de desertificación Al-Hamndou Dorsouma, del Observatorio del Sáhara y el Sahel, apuesta por el proyecto como una iniciativa perfectamente realizable siempre que se cuente con recursos sustanciosos y con el apoyo de la Unión Africana.
Lo cierto es que ya, en 2006, Mongolia construyó su propia versión de la Muralla Verde mediante una línea zigzagueante de pinos, sauces, adelfas, enebros, espinos y otras especies que se prevé que se extiendan a lo largo de más de 3.000 kilómetros de desierto. Se estima que esté finalizada en unos 30 años y tiene un presupuesto asignado de 111 millones de euros.
La pretensión es que esta pared forestal detenga el polvo del Gobi, que ya afecta al norte de China. También existen múltiples semejanzas entre la Gran Muralla Verde y el Movimiento del Cinturón Verde (Green Belt Movement) creado por la premio Nobel de la Paz y activista ecológica, Wangari Maathai, que puso en marcha, en Kenya, un movimiento cívico polarizado en torno a la recuperación del medio ambiente, mediante la acción desinteresada de reforestación de los ciudadanos.
Fuente: AfricaInfoMarket